San Juan

Si conoces a Doña Chayo, es posible que quieras regresar, ¿a dónde? Pues a San Juan de Ahuacatepec, me preguntan: ¿qué tiene de especial?, bueno pues les contaré, tomen su tiempo, abran su mente y su imaginación.


San Juan no es solo un rancho, ni una casa, ni un terreno, es un lugar mágico que te transporta a otro mundo, a otro tiempo, allá donde no existe la tecnología y las tardes son frescas, los niños juegan libres y el miedo desaparece, deberían conocer a Don Gonzalo, siempre a caballo, siempre trabajando, no he visto a nadie igual que recoja su sombrero del piso sin bajarse de su caballo, que cargue un costal repleto de elotes, los suba a su noble corcel y así  cabalgue hasta su casa, todo para que su familia y agregados, gustosos coman ese delicioso manjar, unos elotes asados, cosechados por el patriarca, cortados con amor para que no sufra la milpa.


Don Gonzalo pocas veces se queja, tiene dolorcitos o dolorsotes pero siempre está al pie del cañón, que el hombro o la hernia, nada lo detiene, Dios nos lo deje muchos años más, hombres así deben quedarse mucho tiempo en la tierra. Ya se escuchan los cascos del caballo y de pronto un grito familiar: “¡Chayo!”, Doña Chayo presurosa y con molestia por ser interrumpida de sus interminables labores, atiende el llamado, seria y con gestos, pero en el fondo con cariño, eso si, se le nota que quiere mucho a su marido, eso da gusto verlo en estos tiempos.


Apenas y cantan los gallos estos dos señores ya están levantados, listos para hacer cada uno su trabajo, uno a ordeñar y otro a rayar el chocolate que se toma en el pajarete, vamos pues a  acompañar a Don Gonzalo a la ordeña, puede que te encuentres a Spiderman echando becerros o puede ser el hermoso de Mauri con sus bigotes de chocolate, eso no importa, es impresionante que a sus 5 años haga ese trabajo, tal vez este Jare, él es todo un hombrecito y si escuchas con atención puede enseñarte muchas cosas sobre las vacas, por ahí debe de andar Gonzalo e Isidro que con gusto te llenan el vaso hasta arriba, de esa leche que acá no hay, el pajarete es para valientes, para personas con ansias de calor y de cariño, si te lo tomas despacito el cuerpo lo agradece.


De regreso al rancho Doña Chayo ya está lista con el desayuno, unos chilaquiles que saben a gloria, yo sé la receta secreta, están hechos con amor, por la manos de una madre y esposa entregada al cuidado de su familia, de esas manos que dan incondicionalmente y que no esperan nada a cambio, por eso saben tan bien esos chilaquiles, a mi no me engañan.



Quítate las botas de hule antes de entrar, sigue el camino de gotitas de café que alguien dejó hasta la entrada, siéntate en la mesa y ahora disfruta, simplemente disfruta de la grata compañía, de las personas cariñosas, si el calor de hogar pudiera definirse, eso sería esa cocina, ese comedor. Imagina una mesa llena de cosas ricas que comer, ese dulce de leche que sabe a vino, la leche está bien “rendida” por eso sabe así, dos horas de “menearle”, que buena mano tiene Doña Chayo, benditas manos que tortean kilos y kilos de masa,  hecha de maíz bueno, de maíz noble, negritas o blanquitas, pero saben a gloria esas tortillas, a lo mejor cerca del fogón está Fide, atareada torteando como le enseñó su mamá, con su mandil bien puesto y las manos entretenidas en ese quehacer que a las mujeres de ciudad nomás no se nos da, que orgullo deben sentir por ser las portadoras de tan valiosa herencia, esas son nuestras raíces.


A Magui la puedes encontrar en cualquier lugar, pero buscala donde haya algo que hacer, puede estar por toda la casa o afuera, en la casa de Isidro, ahhhhh si, allá vine con Isidrito y Evelyn, esa niña es especial, nada se le escapa, habla como adulto pero su corazón de niña la delata,  si Jus está con su tita se encontrarán para jugar o pelearse, las dos cosas se les dan muy bien, en el fondo se quieren muy a su manera. Hoy es día de gorditas de nata, Doña Chayo y Flora preparan la masa, Magui ayuda a dorarlas en el comal, que tarea más cansada y laboriosa, son muchas gorditas, saben delicioso, hay que traerle agua a Magui, no sea que se deshidrate y las gorditas se le quemen. 


Mientras Flora ayuda a su mamá, Guillermito juega con los limones, los cuenta y los mete en una bolsa, puedes escuchar su vocecita: uno, do, te, cato...él es todo un matemático y te regala una sonrisa y un beso cuando ya se va, Isaías ya llegó por su esposa y su hijo, Don Gonzalo le invita un vino, es su yerno, ¡cómo no!.


A la hora de la comida siempre hay mucho que hacer, Lety ayuda en todo, pela verdura, limpia ejotes y si le ponen unos costales de azúcar, lo convierte en kilos y kilos de dulzura metidos en bolsas de plástico, parece que el azúcar y ella se llevan muy bien, será porque tienen el mismo carácter, silenciosa pero muy diligente, ella ayuda y no se queja, es callada pero muy tranquila, se nota eso en sus hijos, Gonzalo eligió una muy buena mujer. Evelyn aprende de su mamá, Imelda es muy educada y amable, si vas a su casa te ofrece un elote, siempre al pendiente del pequeño Isidrito, cuida a su familia y vive una vida tranquila, Isidro hace queso en un rincón de su casa, ese queso sabe a historia, sabe a cariño y calor, desde las vacas hasta la mesa de la cocina, las manos que lo tocan fueron forjadas en el trabajo.


Si te escabulles por la huerta y escoges el árbol adecuado puede que encuentres un tesoro, esas naranjas sin semillas, tan dulces y frescas que te quitan la sed y el hambre en un solo bocado, si tienes suerte habrá guayabas fresas y uno que otro higo, el granado está lleno de “bolotas” amarillas y rosadas, es tiempo de cortarlas, si tu suerte es muy buena podrás probar las pitahayas, ohhhhh siiii, son deliciosisimas, pero tendrás que pelear un poco con la planta que cuelga de un árbol para que te las entregue.


Si no llueve nos vamos al Salto, buscamos a Claudia y si nos dan ganas nos metemos a nadar, el agua es fría pero ayuda al alma, la cascada tiene fuerza, si sientes que te lleva es porque está limpiando tu cuerpo, déjate querer y estrujar por nuestra madre tierra, a veces la tenemos muy olvidada. Por la noche verás luciérnagas y las estrellas se ven tan claras que las puedes tocar, vamos a dormir escuchando los grillos que mañana hay que madrugar...ya se escucha Don Gonzalo y todo vuelve a empezar.


Así pasan los días en San Juan, si te animas podemos ir, lo único que puedo prometerte es que todo esto que relato, será mil veces mejor cuando lo vivas y lo sientas.


San Juan es el mejor lugar para dejar salir las penas, para reconfortar el alma y abrazar tu corazón.




05 de Octubre de 2012

Un alma enamorada de San Juan


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